Hoy hablaré de literatura,de un tipo de literatura que es desconocida para muchos, ya que los círculos comerciales basados en la publicidad abarcan casi todo el mercado y convierten en desconocidos incluso a géneros literarios completos. Este es el caso de la narrativa urbana, un género muy exitoso en las dos Américas pero casi desconocido en Europa, a excepción de Reino Unido.

Cierto es, que el estilo de la narrativa urbana bebe de otros autores, que no pertenecen a los 90, (como J.D. Salinger, escritor norteamericano producción literaria:1940-65) pero su estilo de narración permitiendo observar el pensamiento del protagonista de la historia, la dota de una nueva manera de contar las cosas.


LIBROS - AMERICAN PSYCHO

American Psycho. Bret Easton Ellis.

Aunque es imposible enumerar todos los rasgos de la narrativa urbana, hay una serie de elementos que las diferencia de otros géneros:


- El quiebre de la cronología narrativa: los hechos narrados no siguen el orden temporal exterior, sino que son presentados por el narrador con total libertad, según el efecto que desee producir en la obra.

- La multiplicidad de espacios: el espacio no es único sino que se multiplica. Esta multiplicación muchas veces se corresponde con una diversidad de tiempos, pero también con tiempos coincidentes.

- El narrador protagonista, más frecuente que el omnisciente: este cambio del punto de vista de los acontecimientos narrados provoca una nueva y particular visión de los hechos, relatados desde la persona que los está viviendo y no desde afuera. Muchas veces se emplean, también, varios narradores en un texto; de ese modo, un mismo suceso es relatado desde distintos puntos de vista.

- La incorporación de lo fantástico, de elementos inexplicables y absurdos que proyectan el texto más allá de la comprensión racional. La razón no es la única vía de acceso a la verdad absoluta (que se cuestiona dentro del relato). Se plantea la inexistencia de una única verdad y se provoca incertidumbre en el lector.


Cuando en 1985 Bret Easton Ellis publica Menos que cero con tan sólo 21 años, se convirtió bruscamente en famoso, prácticamente en un ícono cultural y el libro en un best-seller. La novela fundó una nueva manera de narrar, un estilo que sería adoptadorepetitivamente en Hispanoamérica buscando un equivalente nacional a los «Chuchan boys» de Los Angeles: jóvenes hijos de productores de Hollywood que consumen cocaína a granel, manejan coches deportivos, frecuentan discotecas de moda y experimentan con el sexo tanto como con el vacío de sus vidas: yuppies con faltas existenciales. La publicidad decía que en esta novela se reconocía una generación. Pero fue el canadiense Douglas Coupland, con la emblemática Generación X (1991) -otro éxito de ventas, otro famoso-, quien inventó, con la bendita letra, una marca de época, el símbolo de la indefinición. Éste fue, como dice Vicente Verdú, «un libro insignia de los años noventa». A ellos agreguemos los nombres de David Leavitt, Jay McInerney, Tamma Janowitz, Jayne Anne Phillips o Michael Marshall Smith, en la misma línea.
CIUDAD
El éxito de la narrativa urbana era un hecho, un próspero negocio y un prometedor mercado. Es así que inclusive los publicistas de Pepsi idearon la frase «el sabor de la nueva generación». Ocurrió que las novelas tuvieron sus sucedáneos temáticos en películas (Bodies, Rest and Motion, Slacker, Dazed and confused, Singles, Reality bites), la ropa, el dirty look, el MTV (Beavis and Butthead), el sonido grunge de Seatlle.

Se trataba de vaciar el escaso contenido añadiéndole marketing a todo: la apatía, el cinismo, la desconfianza, la indefinición, las frustraciones, el nihilismo de bolsillo, las camisas de franela.
Héroes
En España José Angel Mañas (Historias del Kronen, Premio Nadal 1994) que se convirtió, sobre todo después de la adaptación cinematográfica de Montxo Armendáriz, gracias a cuyo guión Mañas obtuvo el correspondiente Premio Goya, en novela de culto, y Ray Loriga (Héroes, 1996).

Los autores más destacados en Sudamérica son los escritores más publicitados: el chileno Alberto Fuguet y Jaime Bayly.

Las técnicas y los discursos de estos autores tienen una evidente filiación con los norteamericanos nombrados, pero la fórmula de esta literatura generacional parecía rendir buenos frutos y se convertía en un fenómeno en todos los sentidos del término, para desconcierto de la academia, la crítica y los guardianes del orden de la literatura seria.

El mercado, generaba sus propios escritores y lectores.

Y los nuevos escritores ya no eran más aquellas figuras sobrehumanas, oráculos de lo bueno y lo malo, pontífices semidioses de las letras. Ahora se abría paso toda una nueva generación.