Es la segunda vez que Nicole Kidman trabaja tras la dirección del también australiano Baz Luhrmann (Moulin Rouge fue la anterior) y siempre borda los papeles, aunque esta vez el guión flojea de manera leve, recordando otros films. La historia se salva gracias al trabajo de edición de la cinta pues le dota de fuerza narrativa en su afán por proyectar imágenes de visionado rápido y fotogramas kitsch donde la calidad artística ejerce gran influencia.

Las interpretaciones son más que correctas y el guión aunque pueda parecer largo (casi tres horas de película) no cae en ningún momento en agujero alguno de aburrimiento. tanto Kidman como Hugh Jackman consiguen transmitir y hacer creer el amor entre ellos, aunque por los pelos, ya que el guionista no le concede muchos minutos a esta relación. La banda sonora también ayuda a ello y junto a la fotografía (que recuerda a "Memorias de África" o "Leyendas de pasión", entre muchas), el vestuario y la ambientación el film se convierte en una obra completa. Lejos de convertirse un clásico del cine, la obra asume de manera perfecta el objetivo del entretenimiento sin molestar su duración o los vacíos en el guión.

Lo mejor: la fotografía y Nicole Kidman.

Lo peor: La poca profundidad del guión en la relación amorosa entre Nicole y Jackman.

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